Un viaje musical por los puntos cardinales

Por Andrés Dueñas-Torres                    13/02/2018   
Foto: Cortesía de la artista          
 
 
El anochecer del pasado sábado diez de febrero de dos mil dieciocho, desde las siete hasta casi las nueve, en la Sala-teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana Vieja, tuvo lugar un hermoso concierto, ideado para deleitar a los espíritus melómanos más exigentes: Los puntos cardinales, de la versátil cantante María de Jesús, que honra a ACTUAR, con su pertenencia a su catálogo.
 
El espectáculo ─especialmente dedicado a la madre de la artista y que, según considera el autor de esta minicrónica, que no es crítico de arte, sino un espectador siempre bien dispuesto hacia el Arte, derrochó, en el mejor sentido de este verbo, excelente gusto─ contó con el guión, la dirección artística y general y un exquisito segmento de humor del Maestro Osvaldo Doimeadiós, digno heredero de las mejores tradiciones escénicas y de las grandes estrellas del teatro, la radio, el cine y la televisión de nuestro país.
 
María de Jesús, elegante mujer de criollísima belleza, gran donaire y savoir faire ─que le impiden pasar inadvertida aún para los reacios a dejarse conquistar por sus encantos─, siempre vestida ─como nos tiene acostumbrados─ de su color predilecto: el blanco, desnudó su alma ante los asistentes, a quienes conmovió y estremeció con sus remembranzas sobre su familia ─en particular, sobre su bienamada madre─; sobre Juan Almeida Bosque, Comandante de la Revolución Cubana, de quien tiene varias canciones en su repertorio; sobre Fomento, su terruño natal; sobre Placetas, la ciudad donde creció y comenzó su desarrollo artístico; La Habana, la capital de todos los cubanos, donde obtuvo el reconocimiento del gran público a su arte; Suecia, el país que la acogió durante varios años, en el que, como ella misma expresó, tuvo una de las experiencias más hermosas de su vida: el nacimiento de su hijo Pedro; y, nuevamente, La Habana, que, cual madre generosa, ha vuelto a acogerla como la hija pródiga que regresó, para establecerse en ella y prodigar su talento a todos los que la amamos.
 
En la escena tuvimos la oportunidad de ver a un bello ser humano y a una artista de cuerpo entero, de la estirpe de los grandes, dueña de una voz privilegiada, capaz de interpretar diversos géneros musicales en varias lenguas del mundo en el que vivimos (por citar sólo tres ejemplos: Summertime, La vie en rose y Noches de Moscú). Más que interpretar, digo que actuó numerosas piezas musicales, secundada por el público y magistralmente respaldada por cuatro músicos instrumentistas de gran oficio y reconocido prestigio: Tony Lazcano en la guitarra, Alexis Rivero en el saxofón alto, Reinaldo Campoalegre en el set de percusión ─que honran el catálogo de ACTUAR y la acompañan en las noches del Café concert Gato tuerto, verdadero templo del arte cubano─ y Maité Castellanos, violinista, como artista invitada. Con este concierto ─en el que estuvo incluida la emotiva pieza Palmeras del querer, de su propia inspiración─ nos mostró y demostró, con humildad y sin asumir tal pretensión, que es una digna heredera de los mejores exponentes de la cancionística cubana, cuyos puntos cardinales ─al decir del periodista Julio Acanda, en la nota al programa del concierto─ “…siempre confluyen en un mismo lugar, el corazón de su gente”.
 
¡Que estés siempre en nuestro corazón, María de Jesús, así como nosotros en el tuyo!