Jornadas ACTUAR 2019, entrevista al actor Carlos Quintas

Por Miguel Moret           16/04/2019
 
Foto: Ángelo Salas
 
 
Yo nací en Santiago de Cuba, mi niñez transcurrió en dos partes, primero en Marimón, un reparto pegado a las montañas donde operaba el Ejército Rebelde y luego en Camajuaní Villa Clara, mi padre era de ahí. De mi infancia recuerdo el colegio bautista, las canciones que aprendí, mi primera presentación artística…
 
El viaje hacia una vida dedicada a la actuación.
 
Yo comencé a ir a la radio y me hice amigo de los locutores, poco a poco me fui enamorando de la actuación. Traté de vincularme a todo lo que pudiera aportarme conocimientos haciendo todo lo que pudiera. Al triunfar la revolución junto con otros compañeros fundamos el grupo de teatro de la asociación de los jóvenes rebeldes, actuábamos en funciones en el parque Céspedes y muchos otros lugares. Luego abrieron la convocatoria para la Academia de Artes Dramáticas de Oriente, que era una sola provincia, donde también fundamos el Conjunto Dramático de Oriente. Gente muy valiosa estuvo ahí, como Raúl Pomares, Obelia Blanco, viajamos por todo el país haciendo lo que nos gustaba. Ahí participé en el año 1964 en el Primer Festival de Teatro Latinoamericano en La Habana, ese fue mi primer contacto con la Capital.
 
Vine para la Habana a trabajar en el ICRT, que aún no se llamaba así, era el Ministerio de Comunicaciones, tengo guardado mi primer carnet. Se abrió el banderín para los jóvenes que hacíamos radio y entonces conocí a la gran Marta Jiménez Oropesa que fue como una maestra para mí. Tuve que trabajar intensamente para estar a la altura de las figuras que ya estaban instituidas en la pantalla. Todo se hacía en vivo y rápidamente se desarrollaba la memoria y la responsabilidad para afrontar tales retos.
 
¿Cómo se formó su depurada técnica más allá de la academia?
 
Yo hice muchas aventuras sin proponérmelo, hace poco supe que estaba entre los 15 actores que más actuaron en el género en la Isla. Recuerdo con mucho cariño El conde de Montecristo, otra fue El halcón, protagonizada por Jorge Villazón quien se nos fue pronto pero aún es recordado por muchos. Esa experiencia fue invaluable, montábamos a caballo a toda velocidad, los actores casi no comíamos por la tensión, pero agradezco cada segundo. También trabajé en Radio Progreso dedicando esfuerzo y corazón a ese medio hermoso. De los grandes colegas con los que compartí y el trabajo constante, aprendí que la apariencia no es lo más importante en este trabajo, el físico se desprende de las necesidades de cada personaje. Muchas veces debemos parecer repugnantes sin pensar en la belleza. 
 
De los retos que impone ser actor.
 
Uno de mis grandes orgullos fue haber sido amigo de Adolfo Llauradó, también le debo irónicamente uno de los grandes personajes de mi carrera. Llauradó se había retirado del protagónico de un Teatro ICRT, pero el director quiso continuar con el proyecto y me buscó. La obra era El sol bajo las patas de los caballos de Brenen, junto a figuras como Verónica Lynn, Teresita Rúa y Mario Martínez, un reto inmenso. Cuando me llamaron me hablaron de un papel pequeño, que tenía que aprenderme en tres o cuatro días. Cuando llego a mi casa el libreto comenzaba con un monólogo de página y media, el personaje era un mendigo, un filósofo imagina lo complejo de tal rol. Yo pensé que estaba equivocado y llamé al director Raúl Pérez quien me respondió con tremendo genio que confiaba en que yo era actor, que estaba listo y no podía hacerlo quedar mal. Imagínate solo pensar que estaba sustituyendo a Adolfo Llauradó, en aquellos tiempos no entregaban premios, y mi mayor estímulo fueron sus palabras cuando él mismo me dijo que era un “animal”. Desde ese momento fuimos grandes amigos y nunca dejé de admirarlo.
 
Mi vida transcurre dedicada aún a la actuación, además de mi proyecto personal que tiene como epicentro a los niños. Trabajar para el público infantil es hasta hoy lo más complejo que he enfrentado. Puchungo es un personaje que escribió para mi Ahmed Otero, con el invito a payasos y comediantes para dialogar con los pequeños y tratar de entretenerlos.