Andrés Sánchez Joglar, un destello en el musical cubano

Por Gladys Alvarado      5/09/2019
 
Foto: Cortesía del artista
 
 
Con sus veintiséis años recién cumplidos, Andrés Sánchez Joglar nos sorprende con su dominio de la escena, en una especialidad que requiere del intérprete habilidades técnicas multidisciplinarias y abundante carisma.
 
Lo vimos recientemente en la temporada Del Alhambra al Martí que bajo la dirección general de Alfonso Menéndez deleitó al público en los meses de verano del capitalino Teatro Martí “Coliseo de las cien puertas”.
 
El joven interpretó con acierto desde el gran dúo de la zarzuela Cecilia Valdés, pasando por el conocido Canto Siboney, hasta lo más popular del vernáculo y los retos histriónicos que impone un Mesié Julián o el Voy debajo de la pieza del mismo nombre. Andrés transitó por el espectáculo con elegancia y buen desempeño vocal, desafió airoso el dúo con la experimentada Milagros de los Ángeles y se movió como pez en el agua en los momentos que requirieron de él, la danza y la actuación.
 
Una trayectoria aparentemente errática, pero muy útil para los resultados que apreciamos ha sido, sin dudas parte de las glorias de hoy.
 
Con nueve años se interesa en el canto, pero sólo desde el ámbito familiar, le siguen el fracaso en las pruebas de ingreso para el nivel elemental de percusión y su premio a la popularidad en un concurso de canto en Radio Cadena Habana; hasta que el afamado cantante lírico Ulises Aquino le escucha y recomienda a sus padres el ingreso a la Cantoria infantil del Teatro Lírico Nacional de Cuba que en ese entonces dirigía Alfonso Janeiro. Allí comienza su acercamiento al arte lírico con el repertorio coral del colectivo y las actuaciones en la zarzuela Cerca del río y la ópera La boheme. Para al cumplir los quince años iniciar estudios de canto lírico, dentro del Teatro Lírico Nacional de Cuba y bajo el magisterio de Waldo Díaz, quien lo graduó en 2012.
 
Las particularidades de la formación académica de nivel medio en la propia compañía le permitieron continuar vinculado a la escena, incluso desempeñando pequeños personajes como el Monguito de la zarzuela Amalia Batista y participar en diversos certámenes, como el Concurso de Canto Lírico UNEAC. Se suceden otros galardones como el Segundo Premio del Concurso de Jóvenes Cantantes Líricos, en Pinar del Río y el primer lugar en el Concurso Jesús Lee.
 
Un punto de giro inesperado lo lleva a las orquestas de Papo Angarica y la de Yuli y Habana C, momento donde confiesa haber aprendido a “sentir” la clave cubana. Su paso por Habana Clásicos, Los Líricos del Gato Tuerto y los musicales del Anfiteatro de La Habana Vieja (El Fantasma de la Ópera, Aladino, Chicago, entre otros), donde abordó creaciones históricas y contemporáneas del teatro musical internacional, van perfilando una carrera versátil que nos hace recordar aquellas primerísimas figuras de nuestra historia teatral que no menospreciaron ninguno de los medios y se movieron airosos tanto en el teatro, como en la televisión y el cabaret. Pero lo curioso es que Andrés no abandona su estirpe lírica y con veinticuatro años asume el coprotagónico de La Traviatta, para más recientemente y con satisfactoria crítica, encarnar el Mario Cavaradossi de la ópera Tosca, en un elenco que alternaban figuras nacionales con artistas de la Ópera de Kiev.
 
Nos interesamos en detalles indispensables para el cuidado de la salud vocal de este joven artista quien se mantuvo los dos meses de temporada en el Teatro Martí sin alternar con otro intérprete y nos confesó, con la madurez que responde: “para mí son sagrados el sueño y la alimentación, así como evitar el estrés.”
 
Auguramos nuevos éxitos al tenor Andrés Sánchez Joglar a quien consideramos hoy día el más valioso exponente masculino del espectáculo escénico en nuestro país, quien con toda modestia accedió a conversar con nosotros para ofrecer a los lectores del sitio web www.actuarcuba.com fragmentos de su historia de vida.